Autismo, genética y alimentación

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Los trastornos del espectro autista (TEA) son un grupo de desórdenes en los que el desarrollo cerebral se ve afectado. Se caracterizan por alteraciones cualitativas en:

  • Las habilidades sociales: Hay dificultades para relacionarse con los que le rodean, aprender reglas sociales, comprender las expresiones faciales y los gestos y compartir focos de interés con otros.
  • La comunicación (verbal y no verbal).
  • Anticipación y flexibilidad: Los cambios son especialmente difíciles para ellos porque se siente cómodos en rutinas donde pueden predecir y anticipar lo que va a suceder.

Los factores genéticos y los ambientales tienen el mismo peso para el desarrollo de este grupo de trastornos. Uno de los factores ambientales recientemente estudiado es el uso de antibióticos y la dieta con alto contenido en hidratos de carbono. Tanto el uso de antibióticos como la dieta alterarían el conjunto de bacterias que viven en el intestino (flora intestinal). Esto explicaría lo común que es encontrar problemas gastrointestinales (GI) en las personas con TEA.

Un estudio realizado en 2013 mostraba una diferencia especialmente interesante en la flora intestinal de niños con TEA: tienen una menor diversidad bacteriana. Una alta diversidad de bacterias en el intestino, provista por la genética, permitiría una mejor capacidad para protegerlo de estresores ambientales y por lo tanto, una barrera ante enfermedades GI.

El tratamiento para la baja diversidad de la flora intestinal de niños con TEA produce mejorías en sus síntomas comportamentales. Esto apunta a cierta relación causal entre las bacterias del intestino y los trastornos del espectro autista.

¿Qué mecanismo pueden estar mediando entre los síntomas de TEA y la flora intestinal?. La clave puede estar en cómo afecta el tipo de flora intestinal a la acumulación de metales pesados, como el mercurio o el uranio, en el cerebro. Esta acumulación se relacionaría con el mal funcionamiento neurológico y por lo tanto con los síntomas del TEA.

Las bacterias podrían estar influyendo en la acumulación de metales pesados en el cerebro son las Clostridium y algunas gram-negativas con lipopolisacáridos (LPS) en sus paredes celulares. Las Clostridium, gram-positivas, producen sustancias tóxicas y ácido propanóico, MacFabe, Cain, Boon, Ossenkopp y Cain (2010) encuentra cómo  al suministrar propanitos en ratas los síntomas autistas de éstas empeoran. Además la Clostridium difficile disminuye los niveles de glutatión, una enzima antioxidante muy importante involucrada en la eliminación de metales pesados del cerebro.

Por otro lado algunas gram-negativas con LPS en sus paredes celulares aumentan la permeabilidad de la barrera hematoencefálica. Un estudio con ratas muestra que la exposición a LPS antes del nacimiento diminuye los niveles de glutatión, es posible que la baja concentración de glutatión durante el embarazo aumente el riesgo de padecer un TEA.

Mientras tanto creo que sería positivo añadir una dieta especial al tratamiento que ya se hace de estos trastornos. Ya hay estudios muestran cómo la nutrición juega un papel importante en los TEA, una dieta determinada puede producir cambios positivos en el cuadro sintomático de este grupo de trastornos. Esta consistiría en una disminución del consumo de gluten (harina de algunos cereales) y caseína (presente en productos lácteos) y la adición de suplementos de omega-3 y antioxidantes.

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